A donde esta tu tesoro
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Déjame explicártelo con un
ejemplo:
Tengo una amiga, una señora mayor que vive en El Salvador. Se llama Sol, y ha superado todas las pruebas que una mujer pueda superar en esta vida: un marido alcohólico y maltratador, un divorcio doloroso, sacar a sus cinco hijos adelante sin perder la sonrisa, la muerte de uno de sus hijos y hace poco, un cáncer de mama. El médico le dijo que la única manera de asegurarse de que el cáncer no volviera era la amputación de uno de sus pechos (hay que decir que Sol tiene un nuevo marido y conservan el gusto por el sexo como dos adolescentes). Y ella, sin pensárselo dos veces, le dijo 'si ha de amputarme los dos, adelante. Lo que quiero es vivir'. El médico le dijo que debía pensárselo, porque la mastectomía lleva a muchas mujeres a la depresión. Pero un día, tomando un café, Sol me dijo: '¿Tú crees que no cambiaría un pecho por ver el sol salir cada día? Para mí es una bendición, y mientras veo salir el sol, me como unos frijoles deliciosos, me tomo un café riquísimo, mi marido pasa por la mesa y me da un beso, y luego pinto mis cuadros o me voy a jugar con mis nietos. Cualquier cosa de estas vale más que uno de mis pechos, porque he vuelto a nacer.'Y sí, hay mucho, mucho placer qué descubrir en las pequeñas cosas: una canción que nos gusta, contemplar la belleza de una flor, una charla con un amigo verdadero. Nada de esto tiene precio material, pero puede valer más que todo el oro del mundo. La receta de hoy: ¡Atrévete! Ponte la canción que más te gusta a todo volumen, a solas: baila, canta, grita. ¡Vibra! Nadie te está mirando, así que ¿por qué no sentirte libre? Y mientras lo haces, date cuenta de cómo la vida se mueve a través de tus venas. Y ante todo sé feliz. Tomado de un artículo de Hana
Sztarkman
Con amor y
bendiciones,
viviana
tozzi
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